
Qué cosas, no me había fijado en el cartel de la película ahora. Y bien, porque creo que gracias a eso me ha sorprendido más.

Poco más o menos, la tragedia que me veía venir desde el principio. Hasta ahora no vi el “Love conquers all” del cartel, cuyo optimismo resulta un poco ridículo.
(Por cierto: tres películas de Thure Lindhardt en una semana, dentro de un mismo festival. Qué cosas.)

Saber que esta película está basada en hechos reales me ha hecho descubrir que el mundo es un poquito más mierda todavía de lo que ya suponía.
“La transmisión del agua de los cuentos”, de Dolores Etchecopar
había una vez
hubo un día
había una vez
hubo una mano vacía
había una vez
hubo la transmisión del agua de los cuentos
bosque pequeño bajo la nieve
en las cataratas del silencio
(era de madrugada)
y la mano abría una ventana hacia la nieve
(el silencio estaba en esa mano)
había una vez
hubo alegría iba a empezar
la búsqueda de los tesoros
había una vez
yo buscaba el comienzo
y me dieron los sonidos de un antiguo llanto
(tuve que calmar esos sonidos)
había una vez
pero todas las palabras se acostaron para morir
y hubo nubes y dos percherones atados a un carro
había una vez
hubo viento helado
que arrojaban de una altísima montaña
y niños que preguntaban:
¿cómo es del otro lado del viento?
pero bellas nodrizas se llevaban a los niños
al gran parque oscuro
había una vez
hubo un día
hubo un bosque pequeño
bajo la nieve
bajo el silencio
bajo la mano vacía
bajo los hilos
de la muerte o del sol
Bien, divertida, no trascenderá, pero tampoco molesta. Sin querer me han salido dos películas de cine dentro del cine hoy. Aquí se ponen las cartas sobre la mesa desde el principio para que veas el juego, y aunque la historia es más tontorrona que la anterior, me resulta más fácil aceptarla.
El guión es más que curioso, Ann M. Perelló está estupenda. Pero para mí la película tiene un problema de base: no me la creo.




